La NASA reconoce a creador de turbococina

No obstante, carece de financiamiento para llevar la turbococina a los más pobres
PORTADA   1 de diciembre de 2011
ES Magazine
Jueves 1 de diciembre de 2011


Foto archivo.
El salvadoreño no cuenta con suficientes fondos para echar a andar su ambicioso proyecto.
Como niño del siglo XX, soñó con ser astronauta. La primera semana de noviembre, de alguna forma, ese sueño se cumplió. Visitó el Centro Espacial John F. Kennedy y se hizo una fotografía con el transbordador espacial Endeavour a sus espaldas.

El salvadoreño René Núñez Suárez no vistió traje espacial, pero sí figuró entre los 10 inventores que la NASA, la USAID, el Departamento de Estado de EE.UU. y Nike seleccionaron de entre 250 candidatos con proyectos innovadores como parte del proyecto Launch 2011.

En el grupo figuran ocho ciudadanos de Estados Unidos, uno del Reino Unido y uno de El Salvador: Núñez Suárez.

La noticia se difundió en El Salvador el 23 de noviembre, cuando Fusades retuiteó en su cuenta @fusades: "@sgenovez: René Núñez Suárez, premiado por la #NASA por la tecnología de la #turbococina http://mindmapr.nasa.gov/innovators/".

Los 10 finalistas de Launch 2011 expusieron sus proyectos en el mismo salón donde los astronautas suelen preparar sus misiones espaciales. Después votaron para seleccionar el proyecto que, según ellos, ofrece resolver los problemas más acuciantes de la humanidad: como la pobreza y el calentamiento global. "La única condiciones era no votar por uno mismo", recuerda Núñez Suárez cuyo proyecto, la turbococina, resultó ganador.

¿Por qué votaron por él? Muy probablemente, porque sus argumentos resultaron convincentes. "En El Salvador, alrededor de dos mil personas mueren a causa de la inhalación del humo y el hollín que generan las cocinas de leña tradicionales. En el mundo, dos millones mueren por la misma causa", expuso ante científicos con doctorados que lo trataron como a un colega. Pero ¿qué diferencia a la turbococina de otros modelos con la etiqueta de amigables con el medio ambiente? Él lo tiene claro: "Hay otras cocinas que (también) ocupan menos leña, pero producen humo". La primer turbococina fue el fruto 15 años de búsqueda y ha sido sometida a constantes mejoras. Una de esas mejoras ha sido lograr que no se genere humo ni hollín al utilizarla.

Distribuirla entre los más pobres de El Salvador, quienes cocinan con leña y no con gas, equivaldría a evitar miles de muertes, pero distribuirla entre los más pobres del mundo, equivaldría a evitar millones de muertes, según su creador.

Creando de soluciones

En el Centro Espacial John F. Kennedy, Núñez Suárez les recordó a sus colegas que en el mundo hay 3,000 millones de personas que cocinan con combustibles sólidos, sobre todo con leña. Y 1,400 millones de personas no tienen acceso a energía eléctrica. Así que, hoy por hoy, solo 1,600 millones pueden tener acceso a la turbococina, pues el aparato requiere de 15 vatios para funcionar.

Lo anterior ha motivado a otro científico invitado por la NASA, Craig Jacobsen, a colaborar con Núñez Suárez.

Jacobsen es fundador y CEO de Point Sourse Power. Su proyecto es una celda de combustible. En los próximos meses, ambos se reunirán para integrar la turbococina y la celda de combustible a fin de que los 1,400 millones de personas que carecen de energía eléctrica tengan acceso a la turbococina.

Núñez Suárez asegura que esta será la primera vez que un científico estadounidense y un salvadoreño trabajarán codo a codo en el marco de la Alianza para el Progreso, suscrita recientemente entre El Salvador y EE.UU.

Sí, Núñez Suárez está en las grandes ligas de la ciencia, pero no se olvida de El Salvador. Tiene trazado un ambicioso plan: distribuir turbococinas entre las 100 mil familias más pobres del país y extender Certificados de Emisiones Reducidas de CO2 que utilizarían para recuperar lo invertido. Esto sería fácil, pues la turbococina reduce las emisiones de Dióxido de Carbono en un 95 %.

Con lo que no contaban Núñez Suárez es con el hecho de que la crisis económica que agobia a Europa le cerraría las puertas de los bancos que conocen el valor de los Certificados de Emisiones Reducidas de CO2 en los mercados del primer mundo.

Ahora, el inventor busca alternativas y considera la posibilidad de que empresas locales patrocinen el proyecto a cambio de colocar su logo en la turbococinas a distribuir entre las 100 mil familias más pobres del país.

Para echar a andar el proyecto y construir las primeras 15 mil turbococinas se necesitan $2 millones. Pues solo la fabricación de cada una de ellas tiene un costo de $100, lo que se duplica cuando se suman los gastos de logística y distribución.

La cifra le parece ínfima al inventor cuando la compara con los 100 millones de dólares de subsidio al gas licuado.

"Eso no llega a los más pobres. Los más pobres cocinan con leña", advierte.

Foto archivo.
Fue precisamente en unas oficinas de la Nasa, donde presentó su proyecto junto a 9 finalistas más.