¡A volar la piscucha!

Llegaron los vientos de verano y con ello el clima perfecto en El Salvador para elevar las tradicionales piscuchas.
EL PAÍS   1 de noviembre de 2012
Marielos Ramírez
Jueves 1 de noviembre de 2012


Foto Sebastián Suárez
Con el término de las lluvias, llegan los vientos y la oportunidad de elevar las piscuchas.
"Los vientos de octubre que todo lo descubren" no es solo un dicho de nuestros abuelitos, sino el anuncio para los niños y algunos adultos de que es tiempo de comprar la mejor piscucha y elevarla lo más alto posible. Es momento de aprovechar los vientos veraniegos que por lo general inician en octubre y finalizan en enero o febrero del siguiente año.

¿Quién no ha encumbrado una piscucha?, desde las elaboradas en papel o plástico, grandes o pequeñas, en diferentes colores y formas.

Aunque no es una tradición salvadoreña, desde hace décadas se ha convertido en un fenómeno cultural que se rehusa a morir, incluso en muchos municipios y pueblos del país se organizan festivales en su honor.

No importa el lugar, elevar una piscucha no es cosa del otro mundo para el pequeño Melvin Armando, originario de San Juan Talpa, departamento de La Paz.

Las destreza con que enrolla el hilo y manipula la "tómbola" (artefacto de madera en donde se enrrolla el nailon), lo comprueban. Solo tiene ocho años de edad, pero ya posee una gran experiencia.

"Echar cola" es lo que más le divierte, desde las alturas maneja a su antojo su piscucha para "ganarle" a otro niño la suya. Melvin dice que es como un trofeo por su astucia. No siempre tiene buena suerte, asegura en varias ocasiones ha perdido hasta cuatro piscuchas en un solo día.

"Hasta deja de hacer algunas tareas para elevar piscuchas", cuenta la madre de Melvin, que siempre lo acompaña, junto a su esposo que es el encargado de cuidar y cargar las piscuchas que ha comprado para el niño.

Melvin es uno de los cientos de niños originarios de San Juan Talpa que se divierten con esta actividad, y que participan todos los años en el Festival de la Piscucha que organiza la Casa de la Cultura de la localidad, en el mes de octubre.

Para Rafael Salazar, director de la Casa de la Cultura, el festival es una forma de fomentar esta tradición y de entretener a los niños y jóvenes, y alejarlos de otras actividades ilícitas.

SU ORIGEN

Lo que se conoce en El Salvador como piscucha, en otros países adquiere otro nombre. En Argentina, Guatemala, Honduras, Nicaragua, México, la costa norte de Colombia y Uruguay se le conoce como barrilete.

Los niños y adultos de República Dominicana la llaman chichigua; es la chiringa en Puerto Rico, cometa en Colombia, Panamá, Perú y Chile, barrilete en Nicaragua, pandorga en Paraguay, papalote en Costa Rica y Cuba, petaca en en el noroeste de Venezuela.

Este divertido objeto tiene su origen en la antigua China. Se sabe que alrededor del año 1200 antes de Cristo, se utilizaban como dispositivo de señalización militar. Los movimientos y los colores de los cometas constituían mensajes que se comunicaban en la distancia entre destacamentos militares.

En Europa en el siglo XII los niños ya jugaban con cometas a las que añadían cuerdas para hacerlas sonar.

Incluso se llegó a utilizar como un equipo de medición atmosférica, prueba de ello es que el político e inventor estadounidense Benjamín Franklin la utilizó para investigar los rayos e inventar el pararrayos.

En la actualidad, el cometa mantiene su popularidad entre niños de todas las culturas. El Salvador se apropió de esta tradición asiática y continúa siendo un divertido juego para niños, jóvenes y hasta adultos.

Foto Carlos Menjívar
En San Juan Talpa se celebra en el mes de octubre el Festival de la Piscucha.