Pupusa Loca, una peculiar creación

Unos veintidós centímetros de diámetro de tortilla de maíz puro y una mezcla de más de veinte ingredientes de primera calidad- algunos de ellos secretos- hacen de esta receta, la original, según su dueña, una creación deliciosa y única, que cualquiera que visita Ahuachapán, no debería perderse.
GASTRONOMÍA   6 de marzo de 2012
Thania Urías
 


Foto César Avilés
En su restaurante hay más de 30 especialidades, además de refrescos y varios tipos de cafés. Creados todos por su orgullosa dueña.
El olor a café recién cocido inunda el ambiente, frente a la plancha tradicional de pupusas, pero unas dos veces más grande, un grupo de empleadas preparan cuidadosamente los ingredientes.

Hay tantos que es difícil distinguirlos todos: Zanahoria, huevos, camarón, cangrejo, tocino, salami, hongos, brócoli, elote dulce, plátano maduro, frijoles, chicharrones, queso y hasta chiles jalapeños, son solo algunos.

Convertidos en una especie de pasta, cada ingrediente es cuidadosamente ubicado en una enorme bola de masa, un poco más grande que una pizza personal, juntos pero no revueltos, para preparar la popular pupusa.

Palmearla no es fácil, solo su creadora y una empleada más saben hacerlo con destreza y es que es tan grande que es fácil perder pedazos de masa en el intento.

"Esta es la original, aquí en mi restaurante nació. Las demás son copias", afirma doña Rutilia de Sierra, una tímida ahuachapaneca que creó hace 27 años esta exquisita mezcla.

Y lo dice con propiedad, tanto que hasta tiene patentado el nombre y la receta en el Centro Nacional de Registros. Ese papel, donde se hace constar que ella es la dueña de la receta, está enmarcado y colocado con orgullo en la pared principal de su restaurante, para que todo aquel que la visite se entere que está probando la verdadera pupusa loca.

Doña Rutilia es consciente que hay muchos más por ahí que intentan copiarle y hasta ya demandó a un par de pupuserías capitalinas por usar su nombre e imitar la mezcla, sin embargo está convencida que cualquiera que la visite descubrirá la calidad de los ingredientes que ella usa y el delicioso sabor que solo su receta posee.

No los revela todos, y es recelosa al hablar de la fórmula completa, tampoco permite que nadie se lleve su menú o intente copiar las más de treinta especialidades de pupusa loca que ella ofrece, sabe que este plato típico, preparado así, es único, y por eso lo cuida tanto.

Ya dos veces fue premiada, primero por la alcaldía de Ahuachapán y luego por Concultura, hoy Secultura, por su extraña pero deliciosa creación, favorita dice, entre muchos extranjeros.

CERQUITA DE LA FRONTERA

Su restaurante ubicado en el kilómetro 93 sobre la carretera que conduce a la frontera Las Chinamas, originalmente se llamó La Choza, pero pronto le cambió el nombre a "La Choza, la pupusa loca" , por que la gente la visitaba por este platillo, que nacio casi por accidente y hace casi tres décadas.

"Yo estaba haciéndoles pupusas a mis hijos, en ese tiempo eran rectangulares o cuadradas, para nada redondas, y se me ocurrió agregar nuevos ingredientes y hacerlas más grandes, un amigo dijo que parecía una pupusa loca y también quiso una, después más clientes fueron llegando y pidiéndola" cuenta divertida

doña Rutilia.

De aquellas pupusas "geométricas" como sus tres hijos varones solían llamarlas, ya no queda nada. Ahora las hace redondas y gigantes, y las ofrece a todos los centromericanos que cruzan la frontera Las Chinamas para entrar a El Salvador. Europeos, canadienses y otros turistas que visitan resorts en Sonsonate y hacen turismo en Ahuachapán, también son atraídos por esta extraordinaria y exquisita mezcla de ingredientes.

El día que la visitamos, un grupo de motociclistas que iban rumbo a Nicaragua a un convivio centroamericano de motos, aseguraron que "La Choza, la pupusa loca", es una visita obligada cada vez que ingresan al país o cruzan esta carretera. "Son las mejores pupusas de El Salvador" afirmó uno, mientras

posaba orgulloso para la foto, junto a la gigantesca tortilla de maíz.

Doña Rutilia asegura que nunca imaginó que aquella travesura hecha para complacer el voraz apetito de sus hijos la haría tan feliz y le proporcionaría el sustento para ella y su familia.

"Mi esposo y yo teníamos una carnicería en el mercado de Ahuachapán, pero queríamos trabajar en la casa, por eso nos vinimos y decidimos poner un restaurante, primero solo servíamos comida, después pupusas tradicionales, pero lo que nos levantó fue la loca..." cuenta emocionada.

Su esposo falleció hace dos años y dos de sus tres hijos, ya dejaron el hogar, uno para estudiar en la capital y el otro para hacer una maestría en España, todo costeado con esta curiosa fórmula que tantas satisfacciones le ha traído.

Doña Rutilia recuerda con lágrimas cómo comenzó su negocio. Era un espacio diminuto y con apenas un par de mesas y sus hijos, apenas unos niños, eran sus entusiastas ayudantes. Hoy tiene espacio para atender a más de 100 personas, cuenta con seis empleados y una clientela que no para.

Y sigue con sus planes de expansión. En el local que ahora posee, quiere construir cabañas para que los turistas se queden a pasar la noche, un salón para fiestas y otros proyectos más que por ahora no quiere revelar.

Y mientras sus proyectos se concretan, la pupusa loca, esa receta accidental que tantas bendiciones le ha dado, seguirá atrayendo más clientes que saborearán gustosos y sorprendidos esa descomunal pupusa colmada de exquisitos ingredientes.

Foto César Avilés
Turistas guatemaltecos disfrutan de esta curiosa pupusa en su camino a Nicaragua.