Tenor salvadoreño en España

A los ocho años inició sus sueños de convertirse en un artista salvadoreño de renombre internacional. Su timbre de voz se escucha en toda España, pero también llega al corazón y a los oídos cuscatlecos.
GENTE   5 de abril de 2011
Marielos Ramírez
 


Foto Carlos Hermann Bruch
Actualmente Napoleón reside en España, donde sigue estudiando.
San Salvador fue testigo del nacimiento de un talento, Napoleón, el mayor de los dos hijos de doña Doña América de Domínguez.

Nadie se imaginó que a sus ocho años empezaría a robar miradas de asombro, aplausos y a endulzar los oídos de los amantes de la música clásica.

Se caracterizaba por ser un niño disciplinado, con carácter fuerte, alto grado de responsabilidad y madurez.

El esmero y la dedicación fueron los ingredientes perfectos para preparar la receta del éxito en el mundo del canto y la ópera. Estar en grandes escenarios habla por sí solo de su inigualable talento.

Su voz ha sido escuchada en los teatros de Madrid, de Moncloa, Micaelense en Portugal y en el Auditorio Nacional de Madrid.

Ser un reconocido tenor es un triunfo que tuvo que pagar con sacrificio.

Napoleón cuenta que su infancia fue muy feliz, pero que al iniciar con su carrera artística dejó de realizar aficiones propias de la edad.

En su adolescencia, reunirse con sus amigos, mirar los programas de televisión, jugar nintendo y hasta disfrutar a plenitud del primer amor o ir a un fiesta pasaron a segundo plano.

A sus 24 años y con sus metas muy bien trazadas, en el 2007 dejó a familia, amigos y costumbres para viajar a España y perfeccionar su talento en el Conservatorio de Madrid. Esto representó la decisión más difícil de su vida.

Los recuerdos hicieron difícil su estadía durante los primeros días. Pero en poco tiempo se adaptó a su nuevo entorno porque sus estudios acapararon toda la atención.

"Fue difícil. Por ejemplo, aunque la comida en España es saludable, al llegar a Madrid perdí alrededor de 60 libras, debido a que tenía que recorrer distancias a pie para trasladarme al metro", cuenta.

Tiene cuatro años de estar lejos de su tierra y aún extraña el sonido del mar, las olas, el calor del litoral y sobre todo las pupusas. Pero mantiene una excelente comunicación y relación con su madre gracias a la tecnología.

Recuerda a El Salvador como un maravilloso país donde el recurso más importante es su gente. Confía en que con la ayuda de Dios, este país superará los problemas que lo agobian, como la inseguridad y el irrespeto a la vida.

Está seguro de que volverá para contribuir con su experiencia al engrandecimiento cultural del pulgarcito de América, y sin duda alguna para ponerse al día con nuestras tradiciones y costumbres.

Foto cortesía del artista.
Pese a su corta edad, sus conciertos en el país europeo tienen un lleno total.
INSPIRACIÓN EN LA VIDA

Aunque el mayor anhelo de Napoleón Domínguez es alcanzar la felicidad ha logrado que la ópera forme parte de este anhelo y que se haya convertido en una forma de vida durante más de 18 años.

Desde pequeño jamás buscó fama ni fortuna, pero sí se propuso cumplir muchos sueños. Uno de ellos fue conocer a su cantante de ópera favorito, Plácido Domingo.

Nunca quitó su dedo del renglón y al visitar el Teatro Real de Madrid, el mismo Plácido Domingo lo recibió y además lo tomó como ejemplo de cantante joven emprendedor centroamericano.

Este elogio lo guarda como un tesoro. Y es que para él, Plácido es un ejemplo de entrega a su profesión al haber conquistado con su voz y dominio interpretativo a los más selectos públicos a escala mundial. Sin duda es una trayectoria que admira, respeta y que desea imitar.

También recuerda la felicitación personal de Su Alteza Real, la infanta Doña Margarita de Borbón, que lo motivó a continuar con su carrera ascedente como tenor salvadoreño.

En España es un tenor de renombre, las entradas para sus presentaciones se agotan a la velocidad de la luz y sus éxitos alargan cada vez una lista que inició a sus ocho años de edad.

Ha escalado importantes peldaños. Uno de ellos fue su participación como solista en el XVII Concierto de la Fundación Padre Arrupe, en diciembre del 2010, en el Auditorio Nacional de Madrid.

Pero el más importante logro ha sido acortar los plazos que se impuso para incursionar en este difícil medio. Además de haber cantado de forma profesional a la mitad de su carrera y de compartir escenarios con cantantes consagrados.

Sus primeros pasos

Un niño prodigio. Así era considerado Napoleón Domínguez por sus profesores de educación media, quienes ya veían en ese pequeño a un talento nato por su dedicación y disciplina en el estudio.

Una personalidad entusiasta y de entrega fue su mejor aliado para emprender el sueño de estudiar música. En la escuela musical José Napoleón Rodríguez descubrió en él una inigualable voz.

A sus nueve años, su tonalidad y la buena entonación lo llevaron a dar su primer concierto como solista ante un público de más de 500 personas en el Centro Cultural Salvadoreño.

Contra todo pronóstico de aquellos que dijeron que no estaba capacitado para cantar el "Ave María" de Schubert por ser el más pequeño de la clase, Napoleón se sintió motivado y les demostró que sí podía.

Aquel primer concierto fue todo un éxito con esta interpretación, que fue acompañada por otras como "Doce cascabeles" (Joselito), "Granada", "Torna Sorrento" y más.

Esta primera experiencia le abrió puertas y su talento comenzó a ser reconocido a nivel nacional. Las presentaciones en los mejores escenarios salvadoreños se fueron multiplicando.

Su adolescencia la vivió en medio de logros y muchos retos. Pero el que más le llena de satisfacción es haber obtenido en el 2005 la Beca Fantel al talento salvadoreño.

Logró que obtuvo al dedicar muchas horas al aprendizaje del canto, la lectura musical y a aprender otros idiomas. Además de español habla inglés, italiano y alemán